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Concierto involuntario

No tenía muchos ánimos. Había esperado bajo las cobijas a que la tempestad pasara, otras veces había funcionado.
Después de unos días en Hermosillo y bajo la advertencia de mi nueva y malhumorada personalidad mis amigas seguían insistiendo en verme.
Bajo la promesa de un té chai y una tranquila conversación en un café al aire libre finalmente accedí a acompañarlas.
Ya en carro confesaron sus verdaderas intenciones, un té por drive thru y un concierto de rock en la universidad.
Volví al estadio de futbol que no había visto desde finales de los noventas y tantos años más tarde la escena era la misma, un escenario montado al centro de la cancha, un grupo de rock alternativo tocando, un buen número de personas en el slam, otros tantos de pie frente al escenario, otros en las gradas lejos de la polvadera que el slam levantaba y los últimos sentados en el pasto cual concierto de Woodstock.
La música era un poco distinta, aunque podía notar la influencia de los rockeros de nuestros tiempos.
Los asistentes habíamos envejesido y algunos llegaban acompañados de sus hijos, unos bebés y otros ya bien entrados en la adolescencia. Esa segunda generación vestía tal cual lo hicimos nosotros hace más de 10 años, camisetas negras, mezclillas grandes y tennis viejos.
Los demás eran seres extraños, algunos hasta caricaturescos que vestían su propia interpretación de la moda ochentera, otras llevaban shorts que más bien parecían cintos y uno loco atarantado iba con una larga gabardina negra sin importar el calor que aun hace en estas tierras desérticas.
La música me dio la nostalgia de esos tiempos de vagancias "a pie" de noches sin planear, de los amigos de siempre.
Cuanto tiempo ha pasado y cuantas cosas han cambiado.
La que escribe descubrió que el mejor remedio para la tristeza es un té, buena música y un par de buenas amigas que no se dan por vencido.
Algo cambió después de las lluvias. El puerto ya no era el mismo y yo ya no me sentía bienvenida. Siempre supe que mi estancia aquí era temporal por lo que nunca terminé de acomodarme del todo. Hay un par de cajas guardadas en el closet listas para la siguiente mudanza.
Pero hasta que ese día llegara yo necesitaba una nueva visión de las cosas; un nuevo aire. Algo había que hacer, que cambiar.
Me hice de una maleta grande donde empaqué un par de miedo, una chamarra y mis expectativas y me fui uno días a casa de mi madre.
No imaginaba que esa maleta serían todas mis posesiones por los siguientes dos meses.
Como tantas veces la familia Corleone me hizo una propuesta repentina que no pude rechazar y así la que escribe se ha mudado temporalmente a Hermosillo.

Una agradable sorpresa

En el puerto parece no haber invierno, no se pueden usar las grandes y acolchonadas chamarras que tan bien disimulan esos kilitos navideños de más. Es una realidad, en el puerto es verano todo el año.
Siento fanática del invierno este es uno de los sacrificios que la que escribe ha hecho en favor del crecimiento laboral de esta pequeña familia; aunque no es tan grande como el no poder ver a mis padres el día que me de la gana o tomar un té helado con las amigas en un comedor de jardín, si es una verdadera monserga sentirme chucatosa y acalorada siempre, todo el tiempo, ¡siempre!
Pero esta noche una agradable sorpresa me sorprendió a la puerta de mi casa; un viento fresco, casi helado, correteaba por las calles con total libertad y con el toque de alegría que supongo reflejaba el gusto que nos daba a todos su cordial visita.
Me emociona la idea de que esto pueda ser el inicio de un largo y muy frió invierno. Lo suficientemente frió para disfrutar una gran taza de chocolate caliente entre colchas frente al televisor y tal como leí en el blog de Héctor Grave, dormir como oruga envuelta en una suave y abrigadora colcha. Nada tan reparador como dormir con un poco de frío acurrucada entre cobijas.
Esta probadita de frescura es tan emocionante como meter el dedo gordo en la alberca y descubrir que el agua por fin está tibia en esos primeros días de verano.
A Guaymas no le ha ido muy bien últimamente, entre los destrozos que el huracán Jimena dejó después de bailar su zamba por estos rumbos, el cambio de administración municipal quienes están de lo más entretenidos jugando a la papa caliente con sus predecesores y los criminales quienes ahora se cosechan a una más temprana edad y ahora encontramos versiones de asesinos de 14 años.
Al puerto definitivamente le hace falta un respiro. Me da gusto que este respiro sea de aire fresco.

De tu olvido

Se te olvidó México la resistencia pacífica. Se te olvidó ser una oposición informada, inteligente, propositiva. Se te olvidaron los miles de jóvenes que un 2 de Octubre marcharon de manera pacífica hacia la plaza de las 3 culturas para encontrar la traición de Luis Echeverría que, para escapar del escrutinio internacional que las olimpiadas de México 68 le traerían a la inconformidad social. Se te olvidó la sangre que corría tan abundante y tan espesa sobre el suelo de Tlatelolco que los zapatos de lo que intentaban huir del ejército quienes los matarían o enviarían a un centro de concentración, se pegaban al piso retrasando su resguardo, su salvación.Ahora, tristemente, el 2 de octubre es el día de los "toquines" y borrachera. Es el día para que unos "anarquistas" agredan, rompan, rayen, tiren, quemen, golpeen, insulten y destruyan. Y qué experiencia tienen para llorar si se les intenta detener a estos delincuentes pues golpear a policías es válido pero que estos lo detengan es una ofensa a su derecho a manifestarse.
Gustavo Díaz Ordaz murió sin dar la cara por haber encubierto el asesinato de nuestros muchachos. Echeverría, el muy cínico, declara sonriente que lo volvería a hacer y aún no podemos hacer que se le aplique justicia.
Pero los granaderos que resguardan las manifestaciones en el DF, los que hoy, 41 años después, salieron de sus casas, dejaron a sus familias, tomaron sus escudos y se pararon ahí, a recibir insultos, golpes, palos y piedras, a ellos ¿qué culpas les cobran estos delincuentes?
Ay México, que poquita memoria tienes.
La que escribe le pide a Dios que tantos jóvenes no hayan muerto en vano.


El aire en el puerto

Tenemos agua desde hace casi dos semanas. Somos afortunados; muchas familias en Guaymas siguen sin agua aun el día de hoy. Pero Jimena no quiere darnos tregua, no todavía.
El drenaje colapsado y la falta de agua en tantas colonias han contaminado el aire del puerto. Esto hizo que esta pequeña familia, al igual que tantos y tantos habitantes del puerto nos hemos enfermado de gastroenteritis (la cual por cierto suena peor de lo que es) solo por respirar.
Así que desde el pasado miércoles, la que escribe sobrevive de sueros y barras de avena y aunque suelo a aventurarme a la vida estos días mi cobardía no me invita a salir de casa o probar otros alimentos más complicados.
Los fines de semana, cuando estamos solos y en casa planeamos algún recorrido por el puerto o un día en la playa. Esta vez nos refugiaremos en la tranquilidad y seguridad de nuestra casa, nos sentaremos frente a la tele a ver un par de películas y a esperar a que pronto, muy pronto Guaymas vuelva a hacer lo que era antes de Jimena.

La situación con el agua

Hasta ayer el 35% de la población de Guaymas habíamos tenido agua en algún momento y por un tiempo limitado desde que Jimena pasó por aquí.
Hemos visto excavadoras, carros de la comisión, políticos y funcionarios trabajando horas extras. Cuando en un lugar se vive una contingencia como esta lo que menos importa es de donde viene la ayuda; si llega es igual de valiosa aunque venga de un particular, un partido político, el gobierno, alguna iglesia o simplemente aparece frente a nuestras puertas.
Hoy nos informaron que esperan que entre hoy y mañana el 75% de Guaymas tenga agua. Las buenas noticias han llegado a mi casa. Al escuchar que salía agua de las tuberías nos apresuramos a juntarla en cuanto contenedor encontráramos. Así llenamos los botes de basura y ropa sucia, la pileta, la lavadora, 2 cubetas y botellones vacíos que encontramos en el patio.
En total hemos almacenado poco más de 300 litros y esposo ahora está en techo tratando de llenar los mismos tinacos que Jimena tanto insistió en llevarse y no pudo.
No sabemos cuanto tiempo tendremos agua pero pretendemos aprovechar la oportunidad que ella nos brinda para bañarnos, lavar trastes y tanta ropa como se pueda y quizás hasta podamos cocinar (¡sopa!)
Cada día estamos más seguros y completos y se acercan los tiempos de compartir nuestras bendiciones y ayudar con lo que podamos a los que tanto les arrebató Jimena. Entre todos lograremos que Guaymas vuelva a hacer lo que hasta hace unos días.

Guaymas sin agua

Como si de una película se tratara las calles están llenas de lodo y aguas negras. La ropa sucia, empolvada y los rostros sudorosos y mal peinados son imágenes permanentes en el puerto.
A puertas cerradas las familias que fuimos bendecidas con pocas o ninguna pérdida material hacemos nuestro mejor intento de mantener las casas limpias y ordenadas sin usar agua, lo cual por cierto no es tan sencillo como pensaba.
Afortunadamente nos hemos apropiado de más de 100 litros de agua purificada pero la inquietud persiste. ¿Cuánto tiempo nos durarán 100 litros para 2 adultos y dos perros? Es verdad que los perros no consumen más que medio litro de agua cada uno, pero nosotros necesitamos más, mucho más al día. Cada vez que nos lavamos las manos, los dientes, cuando usamos el baño o nos queremos bañar, cada vez que nos da sed ¿cuánta agua se nos va en un día? Esto es, si como nosotros, no cocinamos ni lavamos trastes, ropa o trapeamos la casa.
Si supiera cuanta agua necesito para cada cosa y cuantos días exactamente estaremos sin agua sabría entonces si pudiéramos cocinar, si pudiéramos comer una sopa en lugar de sandwiches y cereal. Y es que comprar comida en la calle con el problema de las aguas negras desbordadas es casi como jugar a la ruleta rusa.
Afortunadamente no hay niños en esta pequeña familia que necesiten baños constantes, ropa limpia y agua para su leche.
¿Será que la naturaleza nos dio a probar lo que sucederá si no la cuidamos? Parecen lejanos los días de calles seca y gente limpia caminando sin prestar atención a su entorno.
La que escribe se prepara para abandonar temporalmente el puerto. En estas condiciones no hay mucho que hacer aquí.